
Hace unos ocho meses, cuando aún éramos solo amigos, Cristián me contó su loca idea de recorrer el Llanquihue en bicicleta. Me gustó el viaje de inmediato y le dije que si quería lo acompañaba. Lo cierto es que por esos días no tenía bicicleta y llevaba años sin subirme a una. Pero a medida que pasaron los meses y comencé mi relación con Cristián le tomé el gusto a la idea definitivamente. Me compré una súper bicicleta y comenzamos a practicar. Sin embargo, estas prácticas no fueron todo lo que yo esperaba. En más de una oportunidad dimos por cancelado el viaje. Sobre todo por mi poca experiencia con la bici y porque mi ritmo es evidentemente más lento que el del resto de la gente que podía ir al viaje.
Hicimos una práctica previa bien intensa cuando se nos ocurrió hacer el viaje a lo Vásquez donde sorprendentemente respondí super bien, aunque más lento que el resto. A mi ritmo, pero bien. De a poco nos fuimos enterando que Jaime, Claudia y Jorge no nos podrían acompañar en el viaje y seríamos solamente Cristián y yo quienes viajaríamos.
La preparación fue intensa. Lo bueno es que Cristián es obsesivo con los detalles y cuidados de la bicicleta y yo soy super ordenada y fijada por lo que nuestras alforjas, sacos, carpa y otros implementos de camping fueron escogidos con pinzas para que estuvieran a corde al tipo de viaje.
Lo único que nos faltaban eran los pasajes, entre posibilidades de viajes en camiones y negativas varias, dimos con un bus que ni siquiera sabía que existía pero que nos trasladó las bicicletas sin desarmarlas.
Los detalles del viaje están en la bitacora de Cristián, acá es solo un recuento del viaje más general.

El viaje comenzó en Puerto Varas. Con un mapa como guía nuestra primera parada debía ser Ensenada (yo ya había estado allá con Leticia hace algunos años). El pedaleo fue cansador, por lo menos para mí. Las cuestas eran grandes y si no podía tenía que bajarme y arrastrar la bici, Cristián tiene más empuje el puede subir las cuestas pero se bajaba igual para acompañarte, me decía que era “un viaje en pareja” y que no me preocupara, que íbamos a mi ritmo.
De verdad emocionada cuando por fin, después de cerca de 47 kilómetros llegamos a Ensenada, al camping el Trauco. Ahí estuvimos 4 días, 4 hermosos días con el lago Llanquihue y el Volcán Osorno como grandes espectadores de nuestro viaje.
Comenzaron las primeras tareas de la convivencia, cocinar y compartir un espacio. Una carpa que se transformó en nuestra casa y en el inicio de una nueva historia en nuestra relación. Es difícil explicar en detalle lo que se siente estar con alguien las 24 horas del día y estar feliz por ello. Despertar y dormir siendo amada es muy bonito, más aún en un viaje como éste, en el que hay veces que el cansancio puede ser heavy.
Luego de Ensenada nos fuimos a Petrohue, ahí solo estuvimos un día, nos llovío, aunque el Lago Todos los Santos es maravillo, los precios del lugar solo son aptos para turistas adinerados, cosa que esta vez no éramos.
De Petrohue a Cascadas, el peor de los viajes por la calidad de la carretera, sin embargo, el apoyo y ayuda de Cristián me ayudaron a superar el obstáculo y llegar a la zona pavimentada, que era nuestra meta y la entrada a Cascada. Ahí unos tres días más. Fuimos a la Cascada y la atravesamos. Es algo increíble y difícil de explicar. Con Cristián prometimos volver a ese lugar.
De Cascada se suponía que iríamos a Rupanco, pero los planes cambiaron y nos dirigimos a Entre Lagos y el Lago Puyehue de inmedito. Ese día pedaleamos de las 2 de la tarde hasta cerca de las 2 de la mañana, 12 horas continuas, sin luz, con frío y algo de hambre, pero lo hicimos y eso fue una satisfacción increíble. Sobre todo para mí. Cristían me puso la Mujer biónica.
Ahí nos quedamos los últimos cuatro días disfrutando del Puyehue aunque a mí aún me da miedo bucear. Lo que sí, al final, no nos queríamos devolver. Nuestro pequeño mundo se había hecho ideal.
En resumen, lejos es el mejor viaje de mi vida, y con la mejor compañía que podría haber tenido. Además sin él, jamás se me hubiese ocurrido y me hubiese perdido la experiencia. Aprendí que, aunque no soy una gran ciclista, me la pude con cerca de 200 kilómetros con caminos difíciles, de tierra, curvas y largas subidas. Que andar en bici es un gran ejercicio y que el tiempo para mirar el paisaje arriba de la bici es el mejor.
Aprendí que puedo compartir mi espacio, a pesar de las mañas y las manias y que soy más feliz con Cristián. Que el viaje fue toda una experiencia como cicloturistas y como pareja.
Más detalles del viaje y fotos en raveau.cl y www.flickr.com/photos/raveau



Vaya que fue una aventura, tantas veces que pensamos en cómo lo haríamos y finalmente fue de lujo, emocionante, cansadora, pero a la vez con sus buenos días de relajo. Gracias por haber sido la mejor compañera de viaje, por haber aguantado pero principalmente por haber estado ahí. Hay una entretenida bitácora de viaje que pronto vamos a empezar a pasar en limpio. Te amo y disfruté cada momento y cada parada del viaje, y estoy feliz de que lo hayas disfrutado también. Un beso! Nos vemos.
hola lindas fotos no tube tiempo de leer mucho pero esta bueno un abrazo—salta-Argentina
Hola, Izabel!
I am o romanian cicloturist.
Nice aventure