Ayer leí uno de los mail más maravillosos que me han llegado. Esos que te dan ganas de gritar y saltar de alegría, pero que a la vez te sonrojan y te ponen en una actitud tímida.
Antes eran las cartas y hoy son los mails los que sirven para plasmar aquello que necesitamos comunicarle a otro. La carta aún parece más romántica y personal, sin embargo, si el remitente es capaz de plasmar sentimientos reales y sinceros es igual de especial.
Lo más gracioso de todo es que, efectivamente, puede sonar muy a “mina”, pero no hay nada mejor que te digan lo bueno que eres en algunas cosas. Sobre todo si te es difícil darte cuenta de lo maravilloso que uno puede llegar a ser para otro.
Yo la verdad no soy muy buenas para escribir esas cosas, soy más de gestos, pero con este mail me di cuenta que es super gratificante, sobre todo porque se queda grabado. Debo haber leido el mail incontables veces, incluso recuerdo algunos pasajes, aquellos que quizás son los que más me sonrojaron. Creo que incluso ayer me dormí sonriendo agradecida de mi querido remitente que se dio el tiempo de sentirlo, escribirlo y enviarlo.


